¿Enamorado? Si, profundamente. Enamorado de mis hijos, de mi familia, de mis amigos, aunque a veces puedan sentir que los tengo olvidados, pero están siempre conmigo. Enamorado de mi trabajo, de mis proyectos. Enamorado de la vida, del presente. Enamorado también del amor, lo reconozco. Pero no pienso admitir este hecho como un defecto, al menos no lo haré si sólo me lo dices tú, cuando sabes que no estoy enamorado de ti, o al menos no como tu quisieras.
¡He tocado fondo! Acabo de descubrir, en un pequeño viaje improvisado a mi interior un cajón de mierda. Llevo casi 10 años viviendo como un parásito la vida de otros sin ser capaz de dirigir la mía. Casi 10 años siendo el rumbo que me marcaban otros u otras y, de repente soy consciente de ello, y todo se viene abajo. De repente me veo inmerso en un pozo repleto de fango del que no me veo capaz de salír.
De verdad que he luchado con pasión y fuerzas. He puesto todo mi ser en ello. Me he negado contra
viento y marea a no dejar fluir mi corazón con libertad, sin marcarle ritmo ni objetivos, dejando que él sienta sin ataduras. Pero algo no está encajando en este puzzle...
Y cuando ya todo parecía perdido, cuando la derrota había mellado mi esperanza, cuando parecía que todo se había esfumado, apareció, como un anhelado deseo, aquella débil luz al fondo de un pozo que parecía que no tenía fin. Y en pocos días esa débil luz fue inundándolo todo, expandiéndose sin vergüenza y casi diría que con rabia, como animal enjaulado que ve abierta la posibilidad de libertad y se lanza a por ella con todo su impulso vital.
Muchas experiencias me han acompañado durante los últimos 15 días del 2012, días que pasé hospitalizado tras sufrir un derrame cerebral. Las experiencias más relevantes y emotivas están relacionadas con las personas, como quizás, no podía ser de otro modo. En este mi particular cuento de navidad, hablaré de ellas. Pero, con mis disculpas presentadas por adelantado, no voy a hablar ni de familia, ni de amigos, sino de todos esos desconocidos que se han cruzado en mi vida, con mayor o menor intensidad, durante los días posteriores a mi hospitalización.
Me acabo de enterar de la noticia. Es dificil de creer. Nunca acabamos de estar preparados para algo así. Primero crees que no es verdad. Te niegas a aceptar lo que tus oídos escuchan perfectamente, quizás de una forma tan clara porque todo tu ser, toda tu atención, está puesta en ese auricular que ahora, cada vez más debilmente, apenas logras mantener entre tus manos, pegado a tu oído.
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